domingo, 26 de abril de 2015

Valor innato de David Galván en Sevilla


El de San Fernando dio una vuelta al ruedo con el que cerraba plaza. Se sobrepuso a una fuerte voltereta
El valor es innato, o se nace con él o no, y de esto el cañailla anda sobrado, en La Maestranza hoy David Galván ha dado una lección de valor, de valor superior, del que no se entrena, del que se tiene dentro. Con el peor lote de la corrida el de La Isla ha sido capaz de sacar muletazos de donde no los había y reponerse de una voltereta de espanto que a punto estuvo de mandarlo a la enfermería.
Miren, les seré claro, Galván los tiene bien puestos, dejarse tocar la femoral por los pitones del sexto es de tener claro lo que se quiere, de tener marcado el camino, el camino a ser figura, ese camino que solo tiene un sentido. La espada privó al de La Isla de pasear un merecido trofeo en el que cerraba plaza. Antes, Galván intentó sacar al último algo de donde no lo había, se lo pasó cerca, muy cerca, hasta que el musculado équido lo prendió por la retaguardia levantándole un metro del suelo, luego en el suelo se ensañó con él. Se levantó el cañailla y fue capaz de arrimarse como si no hubiera un mañana. Lastima la espada, de no haber pinchado la vuelta al ruedo se hubiera convertido en oreja. Antes de esto Galván pechó con otro correoso toro de Cuvillo con el que estuvo firme, intentó sacar pases pero un punteo en el izquierdo lo hacía molesto. Era el toro de su debut esta temporada. 


















Manzanares tuvo la puerta del príncipe en su mano, el alicantino se pudo despedir de sus cuatro tardes en Sevilla por todo lo alto pero los aceros le privaron de ello. El idilio Manzanares, Cuvillo y Sevilla se volvió a repetir en el segundo de la tarde.
Encumbrado, que así se llamaba el de Núñez del Cuvillo tenia clase, cadencia, ritmo, quizás le faltó algo de transmisión pero contaba
con todo lsos alicientes para ser toro de triunfo. Dos tandas por el derecho fueron soberbias, de ese empaque que solo
Manzanares sabe darle a sus faenas. Dos cambios de manos para cerrar cada tanda fueron para enmarcar. Menos tirar del pico de la muleta y menos distancia entre toro y torero hubiera sido lo ideal, pero al publico de Sevilla poco le importa eso, el idilio entre Manzanares y Sevilla va más allá de ello y de haber acertado con los aceros dos orejas hubieran caído. El de Cuvillo fue aplaudido en el arrastre. El quinto fue otro toro con clase, el castaño metía la cara que daba
gusto pero ahí el alicantino no anduvo fino, recordó al Manzanares fuera de sitio de otras tardes, incluso en un descuido tras un pase de pecho fue prendido sin consecuencias. La voltereta sirvió para que el público entrara más en la faena pero la espada le volvió a fallar y los trofeos se disolvieron una vez más. 
















Rivera Ordoñez, este cumplió con el compromiso sin más. El primero de la tarde tuvo nobleza, se apago pronto pero mientras duro pudo servir. El cuarto fue excesivamente castigado en varas, Rivera se lo llevo a los terrenos de sol y espoleado ante sus fieles se sintió, en la estocada se salió de la suerte pero qué más da. El público se levantó y este se lo creyó. 










 Esta crónica la ha  publicado Manuel Lema  en El Castillo de San Fernando. 





















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